Ni he dejado de quererte, solamente estoy en una fase destructiva. ¿Por qué? Porque estoy profundamente aburrida, y en ese estado de ánimo, no puedo controlar mis impulsos de sinceridad desgarradora y sarcasmo brutal (vamos, en ocasiones no me doy cuenta de que no es tan gracioso como doloroso). Lo siento, pero no voy a prometer que cambiaré, porque es más un instinto que una costumbre, incluso me atrevería a decir que hay días enteros en que constituye mi único esparcimiento.

Podría tratar de evitar convertirte en el objeto de mis acertados y afilados comentarios (Que no digo yo que lo sean, pero eso me dicen), pero… ¡Es que lo haces tan fácil! Es casi como si lo hicieras a propósito. No puedo evitar comentar lo cansina que es tu actitud para los demás, o hacerte notar que has dicho mal una frase. No puedo detenerme para señalar que en realidad estás citando mal a la gente, o que ya me sé de memoria lo que estás diciendo, porque no hablas de otra cosa. Y, si me preguntas si este post es para tí, no te sorprendas si te respondo “¿Qué te hace pensar que todo se trata de tí?”.

En fin, en realidad solo quiero disculparme, porque sé que puedo haber lastimado tus sentimientos, y no quisiera quedarme sola como un perro (¡Y como un perro neurótico, además!) por esta pequeña e insignificante característica de mi terrible carácter. ¿Crees que puedas soportarme y quizas… perdonarme algún día?

¡Besitos!