No soy una mujer frágil. No soy blanca como la nieve, pequeña y débil, flotando como una hoja en el viento, esperando, sin saberlo, a ser rescatada. No soy graciosa y delicada, mucho menos abierta y juguetona. Tampoco soy sensual ni provocativa, no tengo sentido de la moda y no hay misterio que me rodee, ni la amargura o resentimiento que solo un corazón destrozado puede provocar; y solo soy divertida cuando se me conoce por un tiempo y se tiene un cierto gusto por el sarcasmo. Nunca tengo mucho de qué hablar y solo sé un poco de unas cuántas cosas, en su mayoría nada apto para iniciar conversaciones con desconocidos. No tengo gracia alguna para el baile, el canto, la costura o la cocina. No soy, pues, una figura romántica. Aún así....

Entenderás por qué no me sorprende.